ARTE ESPAÑOL, MUSEO DEL PRADO

SALA VI Y SALA VII

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Pietro da Cortona - Landing of the Trojans at ...

Pietro da Cortona – Landing of the Trojans at the Mouth of Tiberis – WGA17686 (Photo credit: Wikipedia)

Pietro da Cortona – Landing of the Trojans at the Mouth of Tiberis – WGA17686 (Photo credit: Wikipedia)

The Mass of Leo X in the Florence Cathedral

The Mass of Leo X in the Florence Cathedral (Photo credit: Wikipedia)

The Mass of Leo X in the Florence Cathedral (Photo credit: Wikipedia)

Follower of Pietro da Cortona - The Samian Sibyl

Follower of Pietro da Cortona – The Samian Sibyl (Photo credit: Wikipedia)

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Venus as Huntress Appears to Aeneas

Venus as Huntress Appears to Aeneas (Photo credit: Wikipedia)

Venus as Huntress Appears to Aeneas (Photo credit: Wikipedia)

SALA VI

España hizo del Greco un pintor nuevo, alejado del poder artístico romano y del influjo de Tintoretto, todavía presente en su Huida a Egiptoy en la Anunciación. Fue también un escultor caprichoso, que flirteó con este arte deslumbrado por el naturalismo de la madera tallada y policromada de los españoles, como revelan Epimeteo y Pandora. Retratos de Moro, El Greco, Sánchez Coello, Orrente y Velázquez, que evolucionan desde la minuciosa observación renacentista hasta la introspección psicológica del Barroco, alternan con las fisonomías de los visitantes que se acercan desde otra sala a investigar lo aquí expuesto, en un juego que une el pasado con el presente. Función importante de la pintura en el siglo XVI fue la de copiar en pequeño grandes cuadros de altar, para disfrutar de ellos en un ámbito privado. La delicada Virgen con el Niño y san Juan de Correggio sirve de contrapunto a dos copias de gran calidad de originales de este maestro. Del mismo género es elDescendimiento de Allori, realizado sobre lámina de cobre, soporte de moda a fines del siglo XVI, muy adecuado, por su materia lisa y brillante, para esta pintura detallista y exquisita. Pietro da Cortona resume la grandeza del Barroco en su Natividad, donde el óleo se conjuga con la brillante y rosada piedra de su soporte, que actúa como espacio divino. La oscuridad de los artistas españoles, centrados aquí en el sufrimiento de Jesucristo, se combina con el gusto más amable de los italianos, siempre audaces en el colorido y perfectos en la proporción y la perspectiva, concluyendo con el intimismo del romano Carlo Maratti.

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SALA VII

Los inventarios de la Colección Real en los siglos XVII y XVIII abundan en obras de Rubens. De los artistas que visitaron España por un tiempo suficiente como para dejar su impronta, Rubens fue el de mayor calidad y más dilatado influjo. Su sofisticada formación y su cultura, su estancia en Italia, sus viajes como diplomático en favor de la paz, sus éxitos —incluso en el amor— y su clarividente apreciación de las artes en todas sus manifestaciones —como revela aquí un dibujo de Heemskerck que animó con sus pinceladas—, hacen de él un artista y un hombre excepcionales. En Roma en 1600, apreció el mundo clásico, como se ve en El nacimiento de Apolo y Diana y en Los siete sabios de Grecia, y aprovechó las novedades ofrecidas por italianos y extranjeros, entre ellos Elsheimer, con sus paisajes y escenas nocturnas. Fue generoso con su saber y su fama, y así lo demostró con el apoyo a sus discípulos, como Van Dyck o el joven Velázquez, a quien animó en su deseo de viajar a Italia. De su visión extraordinaria para la colaboración, y que ello supusiera un avance artístico, surgen pinturas como la Virgen y el Niño en un cuadro rodeado de flores y frutas y la serie de Los Sentidos, en la que Brueghel el Viejo se ocupó del paisaje, las flores y los animales. Maestro de la pincelada rápida y segura, del colorido exquisito y del movimiento dinámico, nada mejor para mostrarlo que los bocetos, en los que brilló sin competencia, como los preparatorios para las pinturas de la Torre de la Parada, encargadas por Felipe IV, de quien hay aquí un retrato atribuido aGaspar de Crayer.

RUBENS

Sanjorge

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