ARTE ESPAÑOL, MUSEO DEL PRADO

MUSEO DEL PRADO

Museo del Prado

Museo del Prado (Photo credit: Jim the Chin)

MUSEO DEL PRADO

El Museo del Prado no sólo constituye una de las referencias esenciales de la cultura española: es una representación nutrida y excelente de la producción artística humana. El Centro Virtual Cervantes se acerca, desde esta sección, a los fondos que alberga la pinacoteca madrileña, mediante diversas selecciones temáticas de su pintura.

Jesús en casa de Anás también conocido como Je...

Jesús en casa de Anás también conocido como Jesús ante el Sumo Sacerdote Casón del Buen Retiro. Museo del Prado. (Photo credit: Wikipedia)

Jesús en casa de Anás también conocido como Jesús ante el Sumo Sacerdote Casón del Buen Retiro. Museo del Prado. (Photo credit: Wikipedia)

FUENTE: http://cvc.cervantes.es

INFORMACIÓN SOBRE EL MUSEO DEL PRADO

Prado avenue, CienfuegosPrado avenue, Cienfuegos (Photo credit: lezumbalaberenjena)

Español: Casón del Buen Retiro, Madrid.

Español: Casón del Buen Retiro, Madrid. (Photo credit: Wikipedia)

Español: Casón del Buen Retiro, Madrid. (Photo credit: Wikipedia)

Situado en el centro de la ciudad de Madrid, el Museo del Prado constituye en sí mismo, desde 1819, el núcleo de un ámbito artístico muy amplio, que abarca las obras de maestros de todo el mundo. El museo se articula en dos sedes, muy próximas entre sí: el Edificio Villanueva (el más representativo), situado en el Paseo del Prado, y el Casón del Buen Retiro. En octubre de 2007 se ha inaugurado una ampliación del museo que tiene como protagonista el claustro de la vecina iglesia de los Jerónimos.

En las diferentes salas, el visitante del museo puede encontrar no sólo excepcionales ejemplos de la obra pictórica de autores españoles (Goya, Velázquez, Zurbarán…), sino también obras de grandes maestros de otras escuelas (Tiziano, Rubens o El Bosco, por ejemplo), así como muestras de esculturas de gran calidad y otras expresiones artísticas.

El Museo del Prado es una de las principales y más visitadaspinacotecas del mundo. De historia larga y no siempre plácida, cumplió 190 años de existencia en noviembre de 2009. En sus fondos conserva además de pintura, escultura y artes decorativas muchos valiosos secretos, como su repertorio de piezas bibliográficas clásicas relacionadas, entre otras materias, con la teoría del Arte.

Español: Estatua de Velázquez en la entrada de...Español: Estatua de Velázquez en la entrada del Museo del Prado de Madrid (Photo credit: Wikipedia)

Citas en Claroscuro recopila esos comentarios semanales y ofrece además en cada apartado una interesante galería con imágenes ampliadas de las obras que se estudiaron. Es una muestra que creció a la par de «Claroscuro»: las últimas incorporaciones a sus páginas se pueden ver en la sección de Novedades.

OTRAS NOVEDADES:

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LOS ESPAÑOLES PRECURSORES

Durante la Edad Media, la creación pictórica española se desarrolló de acuerdo con los estilos coetáneos predominantes en el resto de la Europa Occidental. Se centraba en su mayor parte en la temática de inspiración religiosa, en dos vertientes: ya fuera para el ornamento de los templos o como amparo de la devoción privada.

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Se reúnen aquí numerosas muestras de ambos aspectos, patentes en Juan de Flandes, destacado autor de la escuela hispanoflamenca del siglo xv, así como en Miguel Ximénez, Jaime Huguet o Pablo de San Leocadio, entre otros muchos ejemplos. A partir de mayo de 2010 se abrieron en el Museo del Prado siete salas nuevas dedicadas a la pintura española desde el Románico al Renacimiento (ver en Espacio Cervantes).

Rostros del Museo del Prado

Los maestros de la pintura siempre mostraron un marcado interés por la representación próxima del ser humano, ya fuese mediante retratos o mediante otro tipo de creaciones. El Centro Virtual Cervantes los invita a un fascinante recorrido por las salas del Museo del Prado, en busca de los rostros y las miradas que quedaron plasmados en los lienzos de los mejores pintores españoles y europeos desde el sigloXII al XIX.

OTROS ROSTROS DE LA PINTURA EUROPEA

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La exposición avanza por tres atractivos caminos:

Maestros españoles: La riqueza de las colecciones del Museo del Prado abarca también, por supuesto, excelentes cuadros firmados por los mejores pintores españoles (Murillo, Ribera, Sánchez Coello…).

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Entre la amplia colección de obras del Museo del Prado, encontramos muy buenos ejemplos de retrato: la célebre obra de El GrecoEl caballero de la mano en el pecho, y también la imagen que Vicente López Portaña nos transmitió del inmortal Goya. Por otra parte, la importancia del retrato cortesano no puede pasar inadvertida: una esencial aportación a este género es la de autores como Alonso Sánchez Coello y Juan Carreño de Miranda. En cuanto a los rostros que podemos encontrar en las obras de género, destacan los de Murillo (La gallega de la moneda) y la representación del filósofo Demócrito que realizó José de Ribera.

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Estos frescos se encontraban primitivamente en la Capilla de la Santa Cruz, en Maderuelo (Segovia). La ausencia de volumen en la pintura románica y los colores planos reducen la mirada a la expresión del rostro, marcada con sencillez mediante contornos oscuros y breves pistas. No se representa a un personaje, sino una idea: el tema religioso del conjunto de pinturas murales (ángeles, escenas de los Evangelios y del Antiguo Testamento)

Maestros europeos: Una muestra de las obras que autores como Rafael, Tiziano y El Bosco dedicaron al rostro y a sus posibilidades expresivas.

Obras del Bosco, Rafael, Tiziano, Antonio Moro, Tintoretto, Jacob Jordaens y Godfried Schalken ilustran una visita a la rica galería de retratos que atesora el Museo del Prado.

A continuación se pueden contemplar algunas de las principales pinturas de estos grandes maestros, que nos muestran al ser humano captado de cerca, tanto en retrato como en pintura de género.

Siempre se afirma que lo importante en un retrato es representar el carácter del personaje, llegar a lo más profundo a través de la mirada, del gesto. El atuendo del modelo e incluso el espacio en que éste aparece nos ofrecen también una información muy valiosa. En este caso, Rafael logró que el cardenal irradiase una cierta distancia, una inteligencia observadora. El fondo, sin detalles, y el logrado juego de brillos tornasolados de la vestimenta cardenalicia no nos distraen del vértice de atención que supone el rostro, pero nos lo ubican en su contexto.

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El espejo: ¿Cómo se veían los autores a sí mismos? Con los autorretratos, muchos grandes nombres de la historia de la pintura nos legaron sus propias imágenes (Durero, Goya, Rembrandt, Velázquez…).

EL ESPEJO

Un autorretrato puede entenderse como un simple ejercicio de estilo por parte de un autor, o como un intento de anunciar su propia existencia ante el mundo (bien de modo arrogante, bien con serena humildad). Para poder representarse a sí mismos, los pintores se contemplan en un espejo. Sin embargo, el espejo en que los autores se contemplan no es una simple superficie bruñida, de cristal o metálica. Más bien es su propio yo, su carácter y sus aspiraciones, expresadas en el tratamiento de color, fondo y atributos con que ellos mismos se trasladan al lienzo. De este género, tan revelador sobre la personalidad del artista, el Museo del Prado ofrece una recopilación de singular interés.

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De los retratos de Durero que se conservan, el presente data de cuando el autor contaba unos 27 años, y nos revela cierto gusto por su propia imagen. El fondo del cuadro representa ventanas abiertas a paisajes lejanos.

En la Europa del Norte, en plena época de la Reforma, los temas religiosos quedaron postergados a favor de los motivos más humanos, laicos y burgueses.

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ARTE ESPAÑOL, MUSEO DEL PRADO

LAS MINIATURAS EN EL MUSEO DEL PRADO.EXPOSICIÓN

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El Museo expone por primera vez una parte representativa –treinta y seis miniaturas y tres pequeños retratos- de su desconocida colección de miniaturas. Durante la presentación de esta muestra, da a conocer también la publicación, que recoge y analiza en profundidad, también por primera vez, las ciento sesenta y cuatro miniaturas y los dieciséis pequeños retratos que conforman esta curiosa e importante parte de sus fondos.

FUENTE: http://www.museodelprado.es

Pintadas al gouache sobre vitela, tablillas de marfil o papel, las miniaturas representan la faceta más íntima de la pintura ya que, en general, pertenecían a la esfera de la vida privada aunque también desempeñaron una función de Estado, pues los monarcas regalaban joyeles con miniaturas a los embajadores y emisarios extranjeros con motivo de su proclamación, matrimonio o por la firma de tratados, convenios y acuerdos. Con una miniatura se reconocían también las buenas acciones militares o el cumplimiento de las misiones encomendadas.

En España, no hubo miniaturas en sentido estricto hasta el siglo XVIII y la función que desempeñaban las miniaturas en otras cortes de Europa aquí la desempeñaban los pequeños retratos, conocido en España como retratico o retrato de faltriquera, de ahí la importancia de los tres ejemplares que se muestran en la exposición. Aún así, la escuela mejor representada en la exposición es la española, con setenta y seis obras, número suficiente para valorar la labor de los miniaturistas españoles y situar a un nutrido grupo de pintores españoles entre los destacados de Europa. Desde ahora, los nombres de Guillermo Ducker, José Alonso del Rivero, Luís de la Cruz y Ríos, Florentino Decraene, Cecilio Corro, Juan Pérez de Villamayor, Manuel Arbós o Antonio Tomasich, tienen el lugar que les corresponde en el Museo del Prado, y permiten conocer con mucho mayor rigor su producción, dada la excepcional calidad de algunas de las miniaturas del Prado. También hay una representación importante de las escuelas austriaca, italiana, francesa, inglesa, alemana y portuguesa, con una cronología que va desde la segunda mitad del siglo XVIII hasta los inicios del siglo XX. Con motivo de esta publicación, en la mayor parte de las piezas que componen la colección, los técnicos del Museo del Prado han realizado trabajos de conservación y restauración.

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Esta miniatura presenta rasgos afines a las atribuidas a Genaro Boltri. Sus obras se caracterizan por presentar un formato oval, no superar los 40 mm, presentar al modelo de frente mientras la cabeza ocupa la mayor parte del soporte, y, sobre todo, por aplicar el color con un punteado preciso y bien unido en la carnación, el cabello e incluso en los fondos. Al trabajar con formatos tan pequeños, apenas queda sitio para las vestimentas, y lo poco que de ellas aparece está realizado con minúsculas pinceladas aplicadas sobre una base de color para matizar las luces y las sombras, los brillos o los encajes, como vemos en la gorguerilla de la que pende una cinta negra con una cruz. Esta manera de hacer también la empleó para representar las joyas, como puede verse en los pendientes que luce la dama (Texto extractado de Espinosa, Carmen: Las miniaturas en el Museo Nacional del Prado. Catálogo razonado, Madrid, Museo del Prado, 2011).

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Mariano Luis de Urquijo y Musa (1768-1817) estudió Derecho en Madrid y Salamanca. En 1791 tradujo la obra de Voltaire La mort de César, en cuyo preliminar escribió sobre los abusos cometidos por la legislación penal al amparo del Antiguo Régimen, lo que le ocasionó desavenencias con la Inquisición que fueron paliadas por la protección del conde de Floridablanca y del conde de Aranda, mentores en su carrera política. Fue nombrado primer oficial de la Secretaría de Estado en 1792, secretario de la embajada en Londres en 1795 y embajador de la República Bátava (Holanda) en 1797. Recibió la orden de Carlos III en 1798 y al año siguiente fue nombrado secretario de Estado, cargo que desempeñó por espacio de un año hasta que fue sustituido por Pedro Cevallos Guerra. Fue nombrado diputado general de Vizcaya y padre de la provincia en 1800. Tras su cese, fue confinado en Bilbao, encarcelado en el fuerte de San Cristóbal de Pamplona y desterrado en 1805. Fue secretario de la Junta de Bayona, acompañó a la familia real al exilio y reconoció a José Bonaparte como rey, quién le nombró ministro de Estado y le concedió la orden del Toisón de Oro en 1812. Tras la batalla de Vitoria, que consolidó en el trono a Fernando VII, se exilió a Francia renunciando a la nacionalidad española. Urquijo encarnó al prototipo de hombre ilustrado, desarrolló una intensa actividad literaria y defendió el progreso científico y social. Promovió empresas culturales y científicas como el viaje por la América española de Alexander von Humboldt, fue protector de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, del Real Jardín Botánico, del Real Laboratorio Químico y Estudios de Mineralogía, así como del Real Colegio de Medicina, director de la Sociedad Económica de Segovia y de la Real Sociedad Económica Matritense de los Amigos del País. Este retrato puede estar relacionado con los primeros datos que conocemos de la estancia de Guillermo Ducker en Madrid. En 1799, Francisco de Goya intercede por su amigo Ducker ante Urquijo para que le permita salir de la cárcel y pueda realizar unas copias en miniatura de los retratos de sus majestades pues, en opinión de Goya, no hay mejor miniaturista “ni aquí, ni en Francia o Italia, que él para pintarlos”. Urquijo accede a la petición el 4 de diciembre y Ducker se lo agradecerá un par de días más tarde. Tal vez como agradecimiento, Ducker pudo realizar este espléndido retrato, de carácter íntimo, en el que aparece Urquijo desprovisto de cualquier símbolo de poder. En él se refleja la formación francesa de Ducker, que plasmó en esta obra la estética de la miniatura del periodo revolucionario que recuerda las miniaturas de François Dumont (1751-1831) (Texto extractado de Espinosa, Carmen: Las miniaturas en el Museo Nacional del Prado. Catálogo razonado,Madrid, Museo del Prado, 2011).

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English: Prado Museum, in Madrid (Spain). Español: Museo del Prado, en Madrid (España). (Photo credit: Wikipedia)

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ARTE ESPAÑOL

JUAN FERNÁNDEZ EL LABRADOR.NATURALEZAS MUERTAS

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Español: Bodegón: membrillos, melocotones, uvas y calabazas, pintura al ´çoleo realizada por Luis Egidio Meléndez y conservada en el Museo del Prado. Madrid (Photo credit: Wikipedia)

 

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Francisco de Zurbarán, Santa Isabel de Portugal, óleo sobre lienzo, 184 x 98 cm. Museo del Prado (Photo credit: Wikipedia)

 

Philip IV with a dwarf (Palacio de Viana, Madrid)

 

Philip IV with a dwarf (Palacio de Viana, Madrid) (Photo credit: Wikipedia)

 

Francisco de Zurbarán, Bodegón or Still Life w...

Francisco de Zurbarán, Bodegón or Still Life with Pottery Jars, 1636, Oil on canvas; 46 x 84 cm; Museo del Prado, Madrid (Photo credit: Wikipedia)

Francisco de Zurbarán, Bodegón or Still Life with Pottery Jars, 1636, Oil on canvas; 46 x 84 cm; Museo del Prado, Madrid (Photo credit: Wikipedia)

 

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La documentación referente a Juan Fernández localizada hasta la actualidad se limita a los siete primeros años de la década de 1630. Era conocido como el Labrador por su origen campesino y, aunque se supone que nació en Extremadura, no se sabe nada de su nacimiento o primera formación artística. Fue criado de un importante noble italiano, Giovanni Battista Crescenzi, quien ejercía una importante influencia en los asuntos artísticos de los reinados de Felipe III y Felipe IV. Crescenzi fue uno de los promotores de la naturaleza muerta y todo indica que incentivó al Labrador a que se aplicara en la representación de frutas. El género estaba en pleno desarrollo y demanda en la corte madrileña y en toda Europa. El aspecto humilde de susbodegones, tremendamente sencillos y a la vez asombrosamente realistas, debió causar gran impacto en un momento en el que estas representaciones se estaban haciendo más complicadas y barrocas.

 

Hacia 1633 Juan Fernández dejó Madrid, y según sus primeros biógrafos se retiraría al campo donde se dedicaría a “retratar” los productos naturales, con los que tendría gran familiaridad. Se dice que acudía a la corte en Semana Santa a vender sus cuadros, que eran adquiridos para las colecciones más importantes de la nobleza. Ente sus clientes estaba el embajador británico, sir Arthur Hopton, quien envió cuadros del Labrador al rey Carlos I. También poseyó alguna de sus obras la reina de Francia, Ana de Austria; con lo que fue uno de los pocos artistas españoles que fue conocido fuera de la Península en el siglo XVII.

 

Su fama se basaba en un personal planteamiento para representar flores y frutas, sobre todo las uvas, que fueron el objeto principal de sus cuadros. En sus bodegones hacía una particular mezcla de la tradición del naturalismo con unos encuadres desconcertantes. Su detallismo extremo se potenciaba con la violenta iluminación heredera de Caravaggio y la visión muy cercana de las frutas. El fondo oscuro y la ausencia de referencias al espacio los hace completamente atemporales, en especial las visiones de los racimos de uvas suspendidos, de una estética cercana a planteamientos propios del arte contemporáneo. Aunque se relaciona con la evolución del género en la primera mitad del siglo XVII, su obra supone una aportación singular para la época.

 

La enigmática personalidad del artista, alejado de la corte en su momento de mayor madurez y empeñado en un nuevo naturalismo a contracorriente de su tiempo, resulta aún más exclusiva porque se conservan muy pocas de sus pinturas. Aunque hay referencias antiguas a obras de El Labrador, en la actualidad sólo se le pueden atribuir con seguridad trece.

 

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Un Zeuxis moderno

 

Los racimos de uvas son objeto preferente de representación en el género de la naturaleza muerta desde su origen, a fines del siglo XVI y principios del XVII. Con ellos los artistas podían demostrar su maestría captando sus calidades, estructura o madurez. Pero, al mismo tiempo, les servían parar evocar al público culto un remoto episodio que reivindicaba la superioridad de la pintura. Según los textos clásicos, el pintor griego Zeuxis de Heraclea (siglo V a.C.) llegó a realizar con tal fidelidad las uvas que los pájaros acudieron engañados a picotear un cuadro en el que pintó estas frutas.

 

En sus primeras obras conocidas el Labrador solo utilizó uvas, presentadas de forma desconcertante. Los racimos, minuciosamente detallados, aparecen suspendidos en la oscuridad, violentamente iluminados y eliminada toda referencia espacial. Su aspecto natural y de instantánea reta al ojo del espectador de su época, evidenciando la extraordinaria capacidad mimética de su autor, suficiente para equipararlo a un Zeuxis moderno.

 

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Naturaleza en el lienzo: primavera y otoño

 

A partir de 1633 el Labrador comenzó a pintar composiciones más complejas en las que las uvas, su verdadera marca de autor, se combinan con otros elementos. Estos bodegones reúnen siempre especies vegetales que fructifican en la misma estación, o que se conservan bien en meses posteriores. Generalmente son productos del final del verano o del otoño, que conviven con los racimos en pequeñas repisas vistas frontalmente y destacadas sobre fondos en sombra. En ellas reina un aparente desorden en el que se añade algún recipiente refinado, de materiales brillantes o coloridos, que marca un sutil contraste con la sencillez de bellotas o castañas.

 

FUENTE: http://www.museodelprado.es

 

 

 

Estos cuadros constituyen auténticas celebraciones otoñales, en las que la variedad de frutos supone una demostración de humilde abundancia. A este personal repertorio unió en 1635, por sugerencia quizás de sus clientes británicos, la representación de ramos de flores. Con ellas adquirió fama, por su frescura y sensación realista, incorporando así nuevos colores primaverales a su paleta.

 

Vase of Flowers

Vase of Flowers (Photo credit: Wikipedia)

 

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EL HERMITAGE, MUSEO DEL PRADO

EL HERMITAGE EN EL PRADO

Jas de Bouffan, 1876.

Jas de Bouffan, 1876. (Photo credit: Wikipedia)

Prado Museum in Madrid, by Juan de Villanueva

Prado Museum in Madrid, by Juan de Villanueva (Photo credit: Wikipedia)

Anonymous. Wassily Kandinsky. c 1913. From Was...

Anonymous. Wassily Kandinsky. c 1913. From Wassily Kandinsky (1913). Rückblicke. Berlin: Sturm Verlag. (Photo credit: Wikipedia)

Hermitage Museum

Hermitage Museum (Photo credit: jhuffmanPhotography)

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Hermitage Stairs [anaglyph]

Hermitage Stairs [anaglyph] (Photo credit: kiwizone)

Catálogo “El Hermitage en el Prado”

Catálogo publicado con motivo de la exposición “El Hermitage en el Prado”, celebrada en el Museo del Prado entre el 8 de noviembre de 2011 y el 25 de marzo de 2012.

“El Hermitage en el Prado” representa una ocasión única y extraordinaria para conocer los tesoros del Hermitage. La muestra reúne una amplia selección de obras que muestran la variedad de las colecciones del museo ruso desde el siglo V a.C. hasta el siglo XX: oro arqueológico, artes decorativas y magníficos fondos de bellas artes, pintura, escultura y dibujo.

El catálogo es la memoria gráfica de esta exposición exclusiva. Un documento extraordinario para disfrutar de las piezas del Hermitage, unas obras maestras que aparecen reproducidas con exquisita calidad de imagen y que además vienen acompañadas por las fichas artísticas a cargo de conservadores y comisarios de ambos museos, así como de varios ensayos específicos que sitúan las obras en su contexto histórico.

El recorrido pictórico del catálogo abarca obras de Tiziano, Caravaggio, Ribera, Velázquez y Rembrandt. Dibujos de Durero, Rubens, Watteau e Ingres llegando hasta las magníficas colecciones de pintura impresionista y post-impresionista que incluye obras de Monet, Cézanne, Renoir, Gauguin y Matisse. De Picasso se incluyen tres lienzos, entre ellos Mujer sentada y Bebedora de absenta, y completan la selección dos obras rusas de la vanguardia abstracta, la Composición VI de Kandinsky y el Cuadrado negro de Malevich.

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MUSEO DEL PRADO, PINTORES ESPAÑOLES

COLECCIÓN,PINTURA,ESPAÑOLA,GALERÍA ONLINE

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Con casi 4.900 cuadros, el Museo del Prado posee la más amplia y valiosa colección de pintura española existente hoy en el mundo, desde el Románico hasta el siglo XIX. Obras maestras de Bartolomé Bermejo,Pedro BerrugueteSánchez CoelloEl GrecoRiberaZurbaránMurillo,Alonso CanoVelázquezGoyaVicente LópezFortunyCarlos de Haes, los Madrazo, Rosales Sorolla conforman un conjunto inigualable universalmente reconocido.

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Los dos grandes pintores mejor representados son Velázquez y Goya. De Velázquez el Museo posee casi cincuenta cuadros en su mayoría procedentes de la Colección Real. Entre ellos se encuentran la práctica totalidad de sus composiciones más ambiciosas, hasta el punto de que, gracias a las obras de Velázquez, el Prado puede presumir de ser la única institución que conserva una parte esencial e insustituible de una de las figuras principales de la historia de la pintura, sin la que sería imposible comprender su personalidad artística o se haría de forma limitada o incompleta. La colección de Goya es muy rica, más de ciento cuarenta pinturas. Aunque trabajó muchos años al servicio de la familia real, son pocas las obras de Goya que ingresaron en el Prado procedentes de los Sitios Reales, entre ellas La familia de Carlos IV. Al inaugurarse el Museo cuando aún vivía Goya, se entiende que, tras su muerte, los directores de la institución se esforzaran por adquirir obras nuevas del pintor aragonés, como hizo Federico de Madrazo que compró los cartones para tapices. Su intención desde el principio fue situar a Goya a la altura de los grandes artistas del pasado, como homenaje al más destacado de los pintores modernos. Se justifica, por tanto, que, a diferencia de lo que sucedió con Velázquez, el Museo adquiriera los cuadros de Goya en su mayor parte a través de donaciones, legados y compras.

Español: Retrato de Francisco de Goya y Lucien...

Español: Retrato de Francisco de Goya y Lucientes, pintor y grabador español. Obra de Federico de Madrazo y Kuntz. (Photo credit: Wikipedia)

The Surrender of Breda, or The Lances

The Surrender of Breda, or The Lances (Photo credit: Wikipedia)

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